Nunca había sentido tantas ganas de abrazar a alguien, ni sabía que a alguien podría gustarle tanto abrazarme.
Escritos random de una mente dispersa
Eso que pasa por mi cabeza y que no puedo decir...
Resiliencia
Y la libertad es no callarse, es despojarse de los estorbos, quedarse con los que uno se tenga que quedar. Al diablo las apariencias, la diplomacia ¡Hay que quitarle las máscaras a los impostores! Saber que estás sola con tu angustia, el miedo, la nausea y esa cabeza pesada que da vueltas y da vueltas. Mortal existencia! Defiéndete con la razón y si es preciso con los dientes. Destrózate, sangra y después lame tus heridas... sanarán.
No, ya no cargo sus milagritos.
No puedo temer más al pasado, pasado que no es mío. Se aprende o se debe aprender de lo pasado, pero no podemos pensar determinados por eso a otros, y menos determinarnos a nosotros mismos. Los pasos que se den pueden darse mirando de reojo a lo que pasó, pero no podemos voltear completamente porque entonces dejamos de poner atención al paso presente y nos volvemos autómatas, descuidados, irresponsables.
- Por aquellos momentos en que he deseado mostrarte un lugar, una canción, una película... y por aquella noche en que te escribí de madrugada sólo para dejar ver la nostalgia que me produce tu ausencia... Un espacio de tiempo, de locura, insensatez, un mensaje de voz y bueno, algo cierto: "No te ilusiones, él sabe que lo quieres y se aprovechará de eso..."
- Y mandar al demonio todo siempre será una de las mejores terapias. También el dejar de prestar atención a los discursos vacíos, a quejas interminables de los que no hay posibilidad de darles contento, a los que acaparan el oxígeno sin hacer buen uso de él y en general, a todo aquel que contamine el ambiente y la paz mental.
¡Qué tragedia no servir a este mundo tan evolucionado!
- Ser como la marca de un paso atrás: sin vigencia ni cabida, tan sólo existiendo ensimismada, bastándose a sí misma y a la vez padeciendo su tortuosa pero deliciosa libertad. Porque en eso consiste la libertad, ¿no? En no ser objeto de esperanza alguna y en no esperar a la vez algo de alguien.
- Hay momentos en los que uno sabe cuándo algo debe morir: la monotonía tal vez es el principal síntoma; luego, algo de apatía por parte del otro; y así, poco a poco la distancia -que si ya se ha hecho física- no tarda en ser completa; hasta el punto de olvidar que existía alguien a quien se prestaba atención hace poco.
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