¡Qué tragedia no servir a este mundo tan evolucionado! 
  • Ser como la marca de un paso atrás: sin vigencia ni cabida, tan sólo existiendo ensimismada, bastándose a sí misma y a la vez padeciendo su tortuosa pero deliciosa libertad. Porque en eso consiste la libertad, ¿no? En no ser objeto de esperanza alguna y en no esperar a la vez algo de alguien. 

  • El recuerdo se sustenta de sensaciones más que de imágenes. Hay segundos en que experimento un tipo de teletransportación: cuando mi pecho se comprime y siento compartir contigo y de nuevo, el mismo espacio y tiempo, ¿qué mejor prueba quiero?
  • Desventajas de “aclarar las cosas”: un cúmulo de represiones, intereses eróticos disfrazados de amistad, charlas cada vez más forzadas y vacías, depresiones constantes, y nulas posibilidades de un futuro encuentro. 

  • Hay momentos en los que uno sabe cuándo algo debe morir: la monotonía tal vez es el principal síntoma; luego, algo de apatía por parte del otro; y así, poco a poco la distancia -que si ya se ha hecho física- no tarda en ser completa; hasta el punto de olvidar que existía alguien a quien se prestaba atención hace poco.

Ser, pensar, escribir… ¿Qué sentido tiene? ¿Qué podría aportar yo al mundo?